A un año de la llegada de los primeros jóvenes a Casa Camino

El 10 de noviembre es una fecha relevante para nosotros, puesto que un día como hoy, hace un año, vimos cruzar por las puertas de nuestra institución a Nachito y Loreto junto a sus acompañantes, dos de las 35 familias que ya hemos recibido como fundación.

Aunque la fecha en que estuvimos totalmente operativos fue el 1 de noviembre de 2020, no ocurrió hasta el 10 de ese mes que por las puertas de Casa Camino, ubicada en el corazón de Providencia, entraron los primeros dos jóvenes que ya se han hospedado con nosotros. Se concretaba así un anhelo que implicó mucho tiempo y dedicación y que nació por el deseo de la familia Monge Márquez de honrar a su hija Verónica, quien falleció hace casi una década producto de un cáncer.

La idea de Fundación Camino, que busca acoger a jóvenes con cáncer de entre 12 y 18 años y que vengan de regiones a tratarse en Santiago, veía así su inicio formal.

“Saqué mi celular del banano que siempre ando trayendo y tenía un mensaje de la asistente social del Hospital Calvo Mackenna, pidiéndome cupo para Ignacio, quien venía desde Villarrica para exámenes y controles médicos”, recuerda Francisco, director social de Fundación Camino. Ese era el primer ingreso oficial, pero no se quedó ahí, puesto que en la espera nuevamente llamaron desde el recinto de salud para avisar que Loreto y su familia también necesitaban acogerse en nuestra casa.

Hoy ya ha transcurrido un año desde ese hito y en este tiempo, como institución ya hemos visto pasar por nuestras 14 piezas con capacidad para 28 personas a un total de 35 familias, de lugares tan diversos como Arica, Coronel, Laja, San Francisco de Mostazal, Tocopilla, Puerto Montt y Villarrica.

Solo por dar algunos ejemplos, podemos decir que hemos entregado 3.593 desayunos e igual número de almuerzos, meriendas y comidas, además de 451 horas de psicología, 390 de terapia ocupacional y 2.480 traslados de usuarios.

“Día a día nos esforzamos y buscamos brindar un acompañamiento que no sea solamente darles el plato de comida y una cama para el buen dormir; sino que buscamos crear otro tipo de dinámicas, que poco a poco vayan forjando una comunidad unidad tanto en el dolor y el sufrimiento como en la alegría de no estar ni sentirse solos, tan lejos de sus casas y el resto de sus familias”, agrega nuestro director social.

Todo esto ha sido posible gracias al trabajo de muchas personas, algunas que desinteresadamente se han hecho parte de alguna u otra forma y otras habituales de Casa Camino. Algunas de ellas son Michi y Naya, coordinadoras de la casa.

Recién se cumple un año desde que vimos llegar a los primeros jóvenes rebeldes con causa a Casa Camino, pero ha sido tiempo más que suficiente para darnos cuenta que todo el esfuerzo ha valido la pena.