El valioso paso por Casa Camino de las terapeutas ocupacionales de la U. de los Andes

Hace algunas semanas llegó a su fin el primer ciclo de rotativas de siete semanas de estudiantes en prácticas de la prestigiosa casa de estudios. El balance solo arroja conclusiones positivas.

Providencia.- “Haber trabajado en Fundación Camino significó tener la oportunidad de formar parte de una comunidad maravillosa, de constante entrega al resto, además de haber podido aportar espacios de encuentro desde la Terapia Ocupacional”.

Quien describe lo anterior es María Paz Leppes, estudiante de Terapia Ocupacional de la Universidad de los Andes, institución con la que hace un tiempo sellamos un acuerdo de colaboración maravilloso, que implica la práctica profesional en nuestra casa de acogida de algunos estudiantes de dicha carrera. Desde el segundo semestre de 2021, seis alumnos tuvieron rotativas de siete semanas en las que dejaron su huella.

El adiós para esa primera generación de practicantes que estuvieron en Casa Camino se produjo hace algunos días y las lecciones son variadas. “Con lo que me quedo de mi experiencia en la fundación tanto en el ámbito profesional como en lo personal, es la importancia de estar para el otro en momentos difíciles. No es necesario hacer grandes acciones, sino más bien que pequeños gestos pueden marcar la diferencia: con solo escuchar y acompañar ya estamos ayudando al otro”, dice María Paz, la estudiante a quien cariñosamente conocimos como Maripi.

En efecto, para Carla Bartolucci, coordinadora de Campos Clínicos de la Escuela de Terapia Ocupacional de la Universidad de los Andes, esta colaboración significó “una oportunidad única de evidenciar la necesidad de nuestra profesión en un contexto y tipo de usuario diferente al habitual”. Esto, agrega, a su vez es una “ganancia para nuestros estudiantes, ya que pueden entregar sus conocimientos y competencias al servicio de una institución como Fundación Camino y adquirir una experiencia única en lo técnico y humano con personas y familias que necesitan de la Terapia Ocupacional y que muchas veces no es visualizado como una necesidad real”.

Por eso mismo, Bartolucci cree que a sus estudiantes les sirve “muchísimo” este trabajo en Casa Camino, toda vez que la fundación es el único centro de práctica donde sus alumnos pueden ser facilitadores de ocupaciones significativas en este tipo de usuarios, que son personas con cáncer de entre 12 y 18 años. “Los jóvenes de Casa Camino se han visto privados de sus actividades cotidianas, sus contextos habituales, sus rutinas adolescentes y la cercanía con su grupo familiar”, recuerda la profesional. Por eso, añade, “es tremendamente significativo para un estudiante el poder ser un aporte en devolver algo de balance en la vida de estos jóvenes a través de la exploración nuevas ocupaciones significativas con ellos, además de poder trabajar con los familiares que los acompañan en este proceso de tratamiento, que también han tenido que abandonar sus ocupaciones y que vivencian, quizás de otra forma, la enfermedad de sus hijos”.

En ese sentido, María Paz, la estudiante en práctica, recuerda que en Casa Camino lograron compartir junto a toda la comunidad “a través de diferentes actividades relacionadas a los intereses de cada uno, generando instancias donde nos podíamos conocer entre todos y disfrutar momentos de desconexión de la rutina diaria de los jóvenes y sus acompañantes”.

Así las cosas, además de poner en práctica sus cinco años de educación de excelencia, la coordinadora de Campos Clínicos de la UAndes cree que sus estudiantes pueden aportar mucho a la vida de las personas con las que les toca desenvolverse, como  potenciar “el trato digno, cercano, cálido y justo, que se refleja en el valor hacia los usuarios y sus familias como personas y no como pacientes, adentrándose en sus roles, rutinas, hábitos, motivaciones, intereses y contextos”. Ahí, concluye, “el trabajo bidireccional con los jóvenes los empodera hacia un equilibro ocupacional necesario para la recuperación física y mental de su patología”.

Pero, más allá de todo el profesionalismo que día a día vimos en las seis terapeutas ocupacionales en práctica que pasaron por Casa Camino, también fuimos testigos de cómo se forjaron relaciones humanas cálidas y sinceras. Así también lo refleja María Paz: “Me voy con los mejores recuerdos, principalmente con cada persona que conocí y lo que aprendí de cada uno de ellos: personas luchadoras, valientes y muy cariñosas”.

“Personalmente me sentí muy acogida y querida, siempre me recibían con alguna cosa rica preparado por ellos o me iban a buscar a la puerta con una sonrisa, preguntándome qué íbamos hacer ese día”, recuerda Maripi. Y cierra: “Destaco inmensamente el espíritu de la casa, la constante entrega al resto, la gratuidad y la preocupación por el bienestar de todos”.