Amor, esfuerzo y dedicación: historia de una súper mamá

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Detrás de los jóvenes con cáncer que acoge Fundación Camino hay también silenciosas heroínas que los respaldan sin vacilaciones y que con motivo del día de la madre quisimos destacar a través de un emotivo relato.

Santiago.- “La fuerza que tengo es verlo a él. Mi hijo ha sido súper valiente y necesita ese apoyo para seguir adelante con su tratamiento”. Quien habla es Alejandra Téllez, mamá de Cristián Bustamante, uno de los diez jóvenes con cáncer que, junto a un acompañante, actualmente se hospedan en Casa Camino, la casa de acogida de Fundación Camino.

Ambos son de San Fernando y llegaron a las dependencias de la fundación porque necesitaban trasladarse a Santiago para el tratamiento del hijo, quien recibió de su hermana Denisse un trasplante de médula ósea.

“Ha sido muy buena la acogida y he sentido mucho el apoyo. Cristián estuvo hospitalizado y cuando le dieron el alta se sintió bien y bien recibido”, cuenta Alejandra, quien agrega que en Casa Camino se sienten “en un lugar al que podemos decirle hogar. Hay preocupación por los chiquillos, de apoyarlos, de animarlos. De a poquito Cristián se ha ido ambientando, se ha ido integrando bien y yo también. Las tías que trabajan acá apoyan mucho”.

Debido a la distancia con su casa y a las restricciones por la pandemia, Alejandra y Cristián llevan un tiempo sin ver de forma presencial a la otra mitad de la familia. Al papá, también de nombre Cristián, y a Denisse, la hermana mayor. Solo ha sido posible verlos gracias a la tecnología. “Prácticamente estamos aislados, porque es necesario. Al papá y la hermana los vimos cuando Cristián salió de la hospitalización, hace casi dos meses. Los tratamientos oncológicos son muy largos. No es fácil, ellos nos echan de menos y nosotros a ellos”, cuenta. Por eso agradece la existencia de las aplicaciones de videollamadas: “Por suerte existen, porque no hay besos, abrazos o poder verse”.

La decisión familiar de ser ella quien acompañe a Cristián ha implicado que su trabajo como diseñadora de vestuario se haya pausado hasta nuevo aviso. Ahí, de hecho, radica la importancia que cree debe tener visibilizar el trabajo de los acompañantes de los jóvenes oncológicos. “Es que es difícil enfocarme en mis cosas, tengo que estar pendiente de él. Hay periodos en que vamos tres o cuatro veces a la semana al hospital y así es muy difícil poder trabajar porque hay que dedicarse 100 por ciento a los hijos”, añade.

Por eso, cuenta, el respaldo de la comunidad de Casa Camino ha sido fundamental. “Somos muchas personas y cuando no está la familia se siente el apoyo del resto”, asegura, antes de relatar que es muy gratificante realizar algunas actividades junto al resto, como juegos, terapias e incluso la cocina: “Vamos a salir como chefs de acá”, señala entre risas.

En ese sentido, Alejandra advierte que el camino recorrido también tiene satisfacciones: “El avance me ha dado más ánimo, porque su tratamiento es complicado. Él ha ido avanzando, no le han bajado sus defensas, y eso significa que no tiene que hospitalizarse. Cristian ha sido súper valiente”.

Al ver por todo lo que ha pasado y ha ido superando, creo que no puedo lamentarme. Al contrario, hay que seguir con fuerza confiando que va a salir adelante y estar bien. De a poquito se ha ido levantando y esa fuerza que tengo me la da él y su esfuerzo. Tengo que seguir apoyándolo”, se sincera.

Alejandra, eso sí, no es la única madre (también hay papás) que en Casa Camino se dedica 24/7 al cuidado de su hijo. “Acá hay muchas mamás, muchas que se han sacrificado”, dice. Y lo resume así: “Se hospitaliza el hijo, pero también se hospitaliza uno. Las mamás, por ejemplo, tienen que olvidar el cansancio, dado que hay que levantarse temprano porque los niños tienen horarios súper estrictos con sus medicamentos”.

Por eso, resume en “amor, esfuerzo y dedicación” el trabajo que las mamás realizan a diario en Casa Camino. “Lo que nos mueve es el deseo de que los chiquillos salgan adelante. El cansancio o lo que nos pase no lo vemos”, cuenta. Y cierra: “La alegría que provoca que el doctor te diga que tu hijo va bien hace que tanto esfuerzo valga la pena”.