Los aprendizajes de José Luis, un papá a toda prueba

José Luis Núñez

Este domingo se celebra el día del padre y en Casa Camino nos sobran ejemplos de historias de papás que se han volcado al cuidado de sus hijos mientras duran sus tratamientos oncológicos. José Luis Núñez es uno de ellos y su proceso, según dice, ha estado lleno de enseñanzas.

Como una “segunda oportunidad”. Así resume José Luis Núñez el tránsito que le ha tocado vivir desde que a su hijo Juan Pablo, de 13 años, le fue diagnosticada la leucemia que hoy los tiene como parte de la comunidad de Casa Camino hace casi cinco meses. Su proceso, como el de tantos otros que viven experiencias cercanas al cáncer, ha estado lleno de aprendizajes que no quiere guardarse para sí.

“A pesar de que ha sido duro, todo esto es como una nueva oportunidad. Antes yo me enfocaba mucho en el trabajo, pensaba que llevando la plata para la casa estaba todo bien, pero con esto uno se da cuenta que es el cariño el que marca la diferencia”, revela desde su habitación en la casa de acogida de Fundación Camino.

Por eso ahonda que una de las cosas que más le han quedado marcadas es que como padres “hay que conversar las cosas con los hijos, llegar a acuerdos. Uno aprende cosas que antes las pasaba por alto”. Y agrega: “Uno veía la vida de otra forma, era otro el horizonte, ahora es que él esté bien y poder sacarlo adelante. Uno no se puede relajar”.

Por eso cree importante compartir su experiencia con otros: “El cáncer es una enfermedad que golpea mucho y hay cosas para las que uno no está preparado, como el tiempo alejado del resto de la familia”, revela y cuenta que además de las dificultades propias de la leucemia de Juan Pablo, lo que más le ha costado ha sido alejarse de su señora y sus otros hijos, a quienes, producto de la pandemia y sus cuarentenas, no los ha podido ver con tanta frecuencia.

La vida en Casa Camino

Cada joven que ingresa a Casa Camino lo hace acompañado de un adulto responsable y en este caso José Luis lo es de su hijo Juan Pablo, lo que también lo ha llevado adentrarse en cosas que antes eran desconocidas. “Cuando llegué a la casa se me quemaba hasta el agua. Aprendí a hacer pan, queques, postres, las comidas”, cuenta con un dejo de humor. Del otro lado, dice, tiene un crítico gastronómico exigente: “A Juan Pablo le gusta comer bien, entonces hay que pensar en el ajito, en el orégano y en que las comidas queden bien”.

Y es que los aprendizajes de José Luis han llegado a tal punto que incluso está cumpliendo un rol parecido al de un profesor con su hijo. “Le hice unas plantillas con letras y vocales, las combinamos y vamos viendo cómo suenan. Vemos videos en YouTube, aunque tuve que aprender algo de computación porque ahí me faltaba. También aprendí a descargar cosas y a mandar información a su colegio. Es un gran aprendizaje el que a uno le ha tocado”, resume.

“A la larga en Casa Camino uno se siente útil, porque llegan personas con situaciones similares y al principio no se sabe mucho, pero después se termina siendo como un guía, porque no hay manuales que te expliquen cómo enfrentar el cáncer”, cierra José Luis, un papá a toda prueba y lleno de nuevos aprendizajes.